Diario del Campo de Gibraltar Martes, 19 de septiembre de 2017 Actualizada el: 14:49
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Ángel Luis Jiménez
Viernes, 11 de agosto de 2017
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¿Se acabó la crisis?

A diez años del inicio de la crisis en 2007, la economía global aún sufre sus secuelas. Las heridas abiertas son las mismas desde el principio: empleos precarios, salarios bajos y mayor desigualdad por los ajustes económicos. Por ello, cuidado con el excesivo optimismo que nos pueda hacer olvidar lo transitorio que pueden ser los vientos de cola que hoy impulsan la economía. Algo parecido sucedió ya en los 2000. Convendría no caer en los mismos errores de autocomplacencia.

Este 8 de agosto se cumplieron 10 años del colapso de las hipotecas basura. Su estallido secó los mercados y hundió las bolsas. El sector bancario estaba inundado de productos bancarios atípicos. En España la banca esquivó el primer golpe de las hipotecas “subprime” o toxicas, pero el segundo la tumbó. Las entidades españolas minusvaloraron la crisis y confiaron en unas provisiones insuficientes. La recesión económica global destruyó más de 8 millones de empleos en Estados Unidos y casi 3 en España.

Hoy día podemos comprobar cómo la crisis financiera y económica más grave desde la Gran Depresión ha dejado huellas en los mercados globales: deuda, productividad y finanzas públicas. Aunque la crisis está formalmente superada, sus secuelas se extienden en el tiempo y todavía estamos convalecientes de la Segunda Gran Depresión. No hablo de una crisis más en el sistema financiero sino de una crisis de dimensiones históricas, que se estudiará a partir de ahora en las Universidades para saber cómo deben hacer los bancos centrales para realizar una correcta supervisión de las políticas fiscales y monetarias.

Aunque hay muchas interpretaciones para explicar la crisis, existe un cierto consenso en que se generó por la confluencia de varias anomalías, algunas circunstanciales y otras sistémicas. En Estados Unidos el marco fue un mercado desregulado, inundado de liquidez, con bajos tipos de interés, en el que se había incubado una burbuja inmobiliaria soportada por garantías de hipotecas y préstamos de muy baja calidad. Y  el castillo de naipes se desplomó, y con él cayo una parte de la confianza mundial en el sistema bancario. La banca española no estaba en el origen de la crisis, pero pagó por sus errores y pecados, propios y ajenos, y con ella también pagaron todos los españoles.

En la actualidad, la crisis financiera se ha superado gracias a los rescates bancarios masivos, con dinero público, dinero de todos, aunque las consecuencias todavía son visibles. La economía mundial late con cierto pulso, pero hay una gran asimetría entre las áreas afectadas por el crash. Europa aplicó con retraso las políticas monetarias más adecuadas. Además, las presiones de Alemania impusieron una política económica  de ajuste presupuestario, contraindicada en períodos recesivos como este. Y todavía lo estamos sufriendo y pagando los españoles en empleos, salarios, desigualdades y deuda.

¿Han aprendido las autoridades económicas las lecciones del crash de 2007? Esa es  la pregunta relevante. Y a mí me caben serias dudas al respecto. Es verdad que los bancos de todo el mundo, en particular los estadounidenses y europeos, han aumentado sus provisiones de forma que la probabilidad de una nueva crisis es menor. Pero siguen resistiéndose a una regulación financiera más precisa. Y las reformas prometidas “para que esto no vuelva a suceder”, que con tanto énfasis prometieron desde Obama a Merkel, simplemente se le ha olvidado a todos al amainar la crisis. Las escasas reformas se han limitado poco más que a los rescates. Una nueva ocasión perdida para regular adecuadamente la banca y los mercados.  Y así vamos tirando.

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