Diario del Campo de Gibraltar Martes, 19 de septiembre de 2017 Actualizada el: 14:49
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José Manuel Barros
Lunes, 7 de agosto de 2017
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El paseante virtual

El paseante de carne y hueso es un personaje urbano en peligro de extinción. Porque hoy en día cualquiera puede fácilmente hacerse una idea de lo que ocurre en el mundo y en su alrededor sin apenas poner un pie en la calle. Los medios de acceso a la información contemporáneos son instrumentos muy eficaces para ello. De modo que uno navega por el ciberespacio de la misma manera que en otros tiempos se daba una vuelta por la ciudad. Y es que los paseos ya no tienen razón de ser, excepto en el caso de que se quiera perder algo de peso. Y el observador, que palpaba los latidos de la urbe a la caída de la tarde, prefiere usar ahora un ratón inalámbrico en vez de unos buenos y cómodos zapatos deportivos. Así que pasear se ha convertido en un ejercicio exclusivamente gimnástico. Sudor y chándal. Felpa y bebidas isotónicas. Olvidémonos entonces de aquellas expediciones diarias por la selva de adoquines y alquitrán porque el nuevo pavimento está construido con materiales volátiles, compuestos de ceros y unos inexistentes, que difícilmente soportarían el peso de nuestro cuerpo. Hoy las ventanas por las que podemos asomarnos al exterior carecen de alféizar en donde apoyar los codos. Son virtuales.

Tampoco sirve de nada acudir al mercado. Los mentideros se llaman Facebook y Wassap, vacuos foros que nos están trasformando a todos paulatina e indefectiblemente en unos chismosos, por no decir en unos inaguantablesexhibicionistas. Ni aparecer por el café. Pues la mayoría de los clientes prefieren reclinarse ante el móvil, como un fervoroso creyente, que mantener una grata conversación.  Y es que nos estamos convirtiendo en una especie de cavernícolas que pasan las horas muertas en la cueva al calor de un ordenador.

No obstante, estos instrumentos han acabado con los límites que suponían el tiempo y el espacio. A través de ellos, uno puede ser y hacer cualquier cosa al instante sin levantar el culo del asiento. Y hasta escribir estas melancólicas líneas sin pasarse siquiera por la redacción. Porque todo tiene sus ventajas,incluso a costa de ser un personaje enigmático que ya no tiene la necesidad de mostrar su verdadero rostroni cruzar unas amistosas palabras con sus congéneres.

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