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Juan Luis Moreno Retamino
Lunes, 31 de julio de 2017
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Juana no está en mi casa

 

Este artículo, aviso de entrada, va contracorriente. Es políticamente incorrecto, pero no voy a entrar a valorar si lo justo es quien tenga ella la guarda y custodia de sus hijos o la tenga el padre.

Se ha dicho del padre que es maltratador y que por eso no debe tener la guarda y custodia de sus hijos. Pero ¿hasta cuándo son delincuentes las personas que cometen un delito? Si quien preside es presidente, quien delinque es delincuente. Y sin quien ya no preside, ya no es presidente, tampoco quien ya no delinque, ya no es delincuente.

Aceptando a los meros efectos dialécticos y nada más, que quien comete un delito puede ser definido como delincuente, lo que no es admisible éticamente hablando, es que se le pueda llamar a nadie delincuente por el simple hecho de que años atrás cometió un delito y nada más que un delito. ¿El derecho al olvido existe dependiendo para qué, de qué, porqué y de, o para quién?.

Quien comete un delito de los que no prescriben nunca es delincuente para siempre desde que existe una sentencia que así lo determina. Pero quien comete un delito de los que el tiempo de prescripción es extenso, y la cancelación de antecedentes penales también, será delincuente mientras los antecedentes penales no estén cancelados, pero una vez cancelados por imperativo legal, no se le puede tener en cuenta a esa persona a todos los efectos.

Esto suele ser olvidado por algunos sectores sociales dependiendo del delito de que se trate. Así, si una persona comete un robo con violencia cuando era drogodependiente pero el proceso penal se retrasa y es condenado cuando ya está supuestamente rehabilitado, a una gran mayoría le parece mal que deba ingresar en prisión por ello. Pero, como parece es el caso, si el marido de Juana Rivas fue condenado en 2009 por un delito de malos tratos en el ámbito familiar a la pena de 3 meses de prisión, tiene que convivir con que se le llame maltratador en 2017. Distinta vara de medir, desde luego.

A mí me repugna que una persona sea víctima de un robo con violencia. Y también me repugna, en la misma medida, que otra persona sufra violencia a manos de otra. Después, conocidas las circunstancias personales de víctima y autor del delito, entro en otras consideraciones; pero así a priori, me solidarizo con las víctimas siempre.

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