Diario del Campo de Gibraltar Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizada el: Lunes, 13 de noviembre de 2017 10:48
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Martín Serrano
Jueves, 27 de julio de 2017
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En un mar de indiferencia

ESTE año no puedo, ni debo, irme de viaje. Lo he hecho muchos veranos, y lo echo de menos, lo reconozco, porque viajar no sólo significa ver mundo, conocer paisajes diferentes y vivir nuevas experiencias (que también), sino que, sobre todo, significa desconectar… Romper con la rutina. Cambiar el chip. Aprender. Y también volver… Volver a casa y retomar las riendas de lo cotidiano con una energía que casi habías olvidado que estaba ahí, y que de pronto parece resurgir casi de la nada, como si se hubiese tomado un chute de vitaminas.
Pero este verano toca quedarse en casa, moverse sólo lo justito… y alegrarse, sinceramente (porque la envidia insana es una enfermedad que, afortunadamente, no padezco) por todos esos familiares, amigos y conocidos que sí pueden irse de viaje, y que piden consejo sobre tal o cual lugar, o ayuda para reservar un vuelo…  o que, simplemente, esperan algo de complicidad a la vuelta. Porque rememorar un viaje es casi como volver a vivirlo, y a todos nos encanta luego contar las mejores anécdotas, enseñar las fotos… compartir lo vivido, en definitiva.
Yo me alegro por ellos; es más, me colaría ahora mismo en cualquiera de esos vuelos a Menorca, a Londres, a París, o en cualquiera de esos cruceros de postal por el Egeo o por el Báltico, si pudiera… Y sin embargo, este verano, el primero en nosécuántos años en que no puedo viajar, tampoco puedo evitar pensar en todos esos otros viajes que no son por placer, y que tiñen de negro las redes sociales, día sí y día también, aunque los medios de comunicación tradicionales no les estén haciendo demasiado caso.
Me refiero, claro está, a los viajes de quienes no lo hacen para ver mundo, sino para escapar del suyo… de todos esos lugares que parecen condenados a ser un infierno en la Tierra. Me refiero a la odisea de todos esos hombres, mujeres y niños desesperados que huyen de la miseria, del hambre, del miedo, de la guerra, o de todo a la vez… y que se están encontrando con el horror y la muerte a las puertas de la próspera Europa,  en este mar, el nuestro, el Mediterráneo, convertido en una vergüenza… En un océano maldito de desgarradora  indiferencia.

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