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J.J. González
Martes, 9 de mayo de 2017
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Los hermanos de la víctima declaran en la segunda sesión del juicio

Dos testigos desvelan que varios hombres aguardaban la llegada de Manuel Gavira junto a su casa

La segunda sesión del juicio oral por la muerte del vecino de Tesorillo Manuel Gavira, ocurrida el 23 de septiembre de 2013, se celebró este martes en la Sección de la Audiencia y estuvo centrada en la declaración de los testigos solicitados por el Ministerio Fiscal, entre ellos los hermanos de la víctima.

El primero en hacerlo, Diego Q., aseguró que uno o dos días después del crimen vio el coche del fallecido, en el que viajaba de copolito una mujer que no pudo identificar y que entró en su casa, como tampoco pudo hacerlo con el resto de ocupantes.
La segunda testtigo, Ángeles S., no pudo acudir a la sala de vistas por hallarse hospitalizada, si bien se va a intentar que pueda testificar la próxima semana. Sí lo hizo, por videoconferencia, su esposo, Óscar S.. Ambos viven en la casa colindante a la de Gavira. El declarante relató que la noche de autos llegó al lugar junto a su esposa y coincidieron con la víctima y que a éste le esperaban dos o tres hombres sentados en la entrada de una tienda de muebles contigua, así como que Gavira entró en su vivienda con uno de ellos. Poco después oyeron un ruido fuerte, como si se hubiese caído un armario, pero no sospecharon nada porque, según dijo, pensaron que estaban de obras. Sí concretó que en la esquina de la calle había un hombre en actitud vigilante que miraba hacia un lado y otro. No obstante, subrayó que eran continuas las peleas en casa de la víctima y no identificó a ninguno de los procesados en relación con las personas que aguardaban su llegada.
Otra testigo, Elena R., que vivía de alquiler en un inmueble contiguo a la casa de la calle Tufas donde se perpetró el crimen, también escuchó el mismo ruido pero no gritos, y tampoco vio a nadie. Además, contó que entre las nueve y las diez de la noche recibió una llamada desde el móvil de Manuel Gavira, pero que nadie le contestaba al otro lado.
Otro relato interesante fue el de Concepción R., cuya hija es titular de un quisco situado frente a la casa de la calle Tufas de Tesorillo. Esta mujer, que declaró por videoconferencia, explicó que sobre las diez de la noche del 23 de septiembre de 2013 un hombre sospechoso se acercó para pedirle tabaco y que miraba de forma insistente hacia la vivienda de Gavira, corroborando además la versión de Óscar S. de que en los accesos a la casa había varias personas más y que aquel actuaba como si vigilase. Sin embargo, aseguró que luego se metió dentro del quiosco y que ya no vio nada más, así como tampoco identificó a ninguno de los cuatro procesados como las personas que estaban en el lugar; de hecho, del único que dijo tener ciertas dudas es de Stefan T., aunque dijo que lleva otro peinado. Otro dato que reveló indica que justo cuando se le acercó el hombre que le requirió tabaco, que salía de la casa del fallecido, vio salir de la misma a una mujer bajita que tampoco pudo identificar y que la última vez quer vio con vida a Gavira fue sobre las cuatro de la tarde.
Por su parte, Javier C. manifestó que cuando venía de entrenar con un amigo y pasó por la casa de la calle Tufas, sobre las diez de la noche, oyó un ruido y al asomarse por una ventana abierta vio a un hombre  de espaldas que, inclinado, agredía a otro, pero que no le dio mayor importancia y se marchó para su casa.
Por último, testificaron Arcadio, Rosa, Francisco José y Rosario Gavira, todos hermanos de la víctima -Amalia y Juan no pudieron hacerlo por motivos de salud-. Todos ellos reclaman la indemnización a que tendrán derecho en caso de que la sentencia así lo certifique -más de 95.000 euros en total-. Todos coincidieron en que un cordón dorado que les presentó la fiscal se parece mucho o podría ser el de su hermano. Arcadio detalló que denunció a la Policía que la tienda de su hermano llevaba varios días cerrada y que luego, cuando los agentes acudieron a la calle Tufas, encontraron el cadáver y la puerta encajada, no cerrada por dentro.

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